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Carcaixent y el insólito caso de la casa que “se paga sola”

“Casa Doge” es la vivienda de lujo que pone a prueba el mercado inmobiliario, presentando un domicilio único y sostenible que persigue autofinanciarse con la minería de la criptomoneda Dogecoin

Luis Méndez

La Ribera |

Piscina de la "Casa Doge" en Carcaixent

Carcaixent se convierte en el epicentro de un experimento inmobiliario sin precedentes: “Casa Doge”, una vivienda de lujo que busca financiarse a sí misma gracias a la minería de Dogecoin, una de las criptomonedas más impredecibles del mercado, cuya cotización está sujeta a los movimientos del magnate tecnológico Elon Musk.

El proyecto, desarrollado en colaboración con la agencia creativa autodenominada “consultoría de futuros”, Business Serio, ha sido liderado por el reconocido arquitecto y propietario Gerardo González, cuyo trabajo en otros inmuebles ha tenido presencia tanto en medios de comunicación nacionales, como en la serie documental de Netflix “Casas Alucinantes”.

Bajo el satírico lema “Esta casa es un MUSK”, la iniciativa propone una reflexión sobre la especulación financiera y su impacto en un mercado tan relevante como el inmobiliario, así como sobre el poder de personajes como Musk en todo el mundo.

“Casa Doge”: la vivienda que desafía las reglas del mercado

La vivienda, llamada Casa Doge, está situada en la calle Balmes 43 de Carcaixent y está equipada con paneles solares y una escultura funcional que simula el perro shiba inu o Doge, el meme que se hizo viral en 2013 y que da nombre a la criptomoneda del empresario sudafricano. Bautizada como “DOGEMINER L3 + 504”, esta estatua canina transforma la energía captada en criptomonedas de forma autónoma, convirtiendo el concepto de hogar en una inversión fluctuante y autosostenible.

“La especulación financiera ha alcanzado niveles absurdos. He visto cómo propiedades aumentaban su valor sin que ocurriera nada tangible. ¿Por qué no aplicar la misma lógica a Dogecoin? Esto es un juego, pero también es una prueba de hasta qué punto estamos dispuestos a confiar en valores construidos sobre aire”, afirma Gerardo González, arquitecto, propietario de la vivienda y creador del proyecto.

Sin embargo, además del cuestionamiento financiero, la iniciativa también incorpora un fuerte componente tecnológico y sostenible. La vivienda ha sido diseñada con criterios ecoeficientes, minimizando el consumo energético y aprovechando fuentes renovables.

“Casa Doge es una vivienda autosostenible, diseñada para minimizar los gastos y generar su propia energía. Este proyecto hibrida arte y sátira con tecnología y economía con un sólo objetivo: exponer hasta qué punto la especulación y la influencia de figuras como Musk pueden convertirse en un motor de impacto económico y social. Es un modelo que juega con la lógica de los mercados modernos, pero también la cuestiona”, apunta Joel Blanco, cofundador de Business Serio y uno de los 40 mejores futuristas de España según Forbes.

Un experimento local con impacto global

El concepto detrás de esta vivienda cobra aún más relevancia en el contexto actual, con Elon Musk en la Casa Blanca. Desde que el magnate expresó su apoyo a Dogecoin en 2019, la criptomoneda ha experimentado drásticos altibajos cada vez que Musk la menciona en redes sociales o eventos públicos.

Asimismo, en los últimos años, el auge del sector cripto ha llevado a la aparición de modelos de negocio innovadores, pero también a esquemas altamente especulativos. “La volatilidad

extrema de monedas como Dogecoin plantea dudas sobre su viabilidad como activo financiero sostenible, sumándose a su impacto cultural y económico”, señala González.

Paralelamente, el sector inmobiliario está buscando nuevas formas de financiación y adaptación a las tendencias digitales. En Estados Unidos, algunos propietarios han comenzado a aceptar criptomonedas como forma de pago por sus viviendas y el mercado de los bienes raíces tokenizados continúa creciendo.

Por ello, aunque Casa Doge es un proyecto local, su premisa tiene implicaciones globales. Planteando una pregunta provocadora en torno al peso de las decisiones de un solo hombre en la economía y la sociedad, esta iniciativa se convierte en un caso de estudio que se suma al debate en foros financieros y académicos sobre cómo estos factores podrían redefinir el valor de los bienes materiales en el futuro.

“Lo que estamos haciendo es una especie de experimento social. Si un multimillonario en Estados Unidos puede decidir si el valor de una criptomoneda sube o baja y eso, a su vez, puede determinar si una casa en un pequeño municipio de Valencia como Carcaixent se paga sola o no, significa que vivimos en una economía completamente impredecible y controlada por unos pocos”, concluye Blanco.

Interior Casa Doge Carcaixent
Interior Casa Doge Carcaixent | Bussines Serio