Porque fue eso, "desafortunada", aseguran en Moncloa, al referirse a la ministra portavoz, Pilar Alegría, cuando dijo tras el Consejo de Ministros que "presentar ahora los Presupuestos sería -si me lo permiten- hacer perder el tiempo al Congreso de los Diputados y a los ciudadanos".
Una frase que perseguirá al Gobierno en lo que queda de legislatura pero que esconde el verdadero y actual pensamiento instalado en el Gobierno. No se necesita al Congreso, ni al Senado, ni Presupuestos para seguir en Moncloa.
Es como aquello de "si no juego me llevo el balón". O más grave aún, "si no voy a ganar el partido, suspendo la Liga". Dado que Sánchez sabe que estos Presupuestos no se los apoya ni su propio socio de Gobierno, ni su propia vicepresidenta. Dado que iban a comprobar en una votación cómo le tumban la ley más importante para la acción de un Gobierno, ¿por qué no ahorrarnos todo ese trago? La orden es clara, prórroga y a buscar el apoyo para 2026.
Pero hay un doble problema que se deriva de no intentar "hacer perder un poco el tiempo al Congreso" presentando unos Presupuestos. El primero es que alguien, con capacidad jurídica, caiga en la cuenta de que estamos ante una vulneración explícita de la Constitución y tenga la tentación de interponer el correspondiente recurso. Los juristas señalan tres vías: un recurso de inconstitucionalidad por la no presentación y aprobación de una ley que es obligatoria; un conflicto de atribuciones del Senado contra el Gobierno y también contra el Congreso (en el caso de que este último órgano no recurra por su parte) por impedirle ejercer la función de legislar; y una demanda de amparo por omisión del legislador.
Y para 2026... más difícil todavía
El segundo problema, de carácter más político, es la intención un tanto ilusoria en este momento, de conseguir el próximo año lo que no se ha conseguido este. En 2026 para empezar están fijadas ya en el calendario dos citas electorales: en Castilla-León y en Andalucía. Y además 2026 es el año previo, meses previos, a unas elecciones generales, municipales, autonómicas y catalanas. Con ese panorama, ¿cuántas formaciones políticas que son socios de investidura del Gobierno estarían dispuestas a unir sus destinos a unos Presupuestos de Sánchez? Y todo ello sin contar con la evolución judicial de todos los casos de corrupción que rodean al PSOE y al Gobierno. Por todo ello, pactar unos Presupuestos para 2026 será aún más complicado que en este año.
Con todo, el Congreso de los Diputados es y tiene que ser testigo también de los declives y momentos políticos difíciles. Así sucedió sucedió con el declive de Aznar durante la guerra de Irak. El declive de Zapatero con los recortes sociales en 2010. El declive de Rajoy con el caso Gürtel. El Congreso, lejos de perder el tiempo, sirve también para reflejar y que conste en acta el declive de los Gobiernos y sus Presidentes.