ULTIMÁTUM DEL Eurogrupo

Desde Bruselas, Jacobo de Regoyos: El arte del cambiazo

Algunos pensaban, yo incluido, que este Eurogrupo que el lunes terminó casi nada más comenzar iba a convertirse en una negociación agónica de esas que hemos vivido tantas veces por aquí, que se prolongan muy, muy tarde en la madrugada; sin embargo, en cuanto se discutió del asunto del rescate griego, el ministro heleno de finanzas se levantó de la mesa, dio un portazo, y dejó a todo el mundo plantado. ¿Qué mosca le había picado? Él dijo que le habían dado cambiazo.

ondacero.es

Madrid | 17.02.2015 10:05

Yanis Varoufakis asegura que sus colegas encorbatados–él no lleva- se sacaron de la manga un documento que no era el esperado. Especialmente se le notaba molesto con el presidente de este grupo de 19 socios con la misma moneda, Jeroen Dijisselbloem, al que acusó de engañarle el jueves pasado cuando se reunió con él para pergeñar una salida. Vamos, que ese papel que le presentaron ni era lo que hablo con Dijsselbloem, ni lo que habían estado hablando sus técnicos con los de la Troika (perdón… quería decir de la “instituciones” que forman la Troika); ni era lo que habían hablado el domingo por teléfono su Primer Ministro Alexis Tsipras y el Presidente de la Comisión Europea Jean Claude Juncker; ni el borrador que le había mostrado el lunes el comisario de asuntos económicos Pierre Moscovici.

En su rueda de prensa el ministro griego de finanzas explicó qué es lo que había en el documento que ellos sí habrían firmado si les hubieran dejado: en él se preveía una prórroga de cuatro meses del préstamo que le ha concedido a su país el Eurogrupo, un paso intermedio antes de firmar un “nuevo contrato de crecimiento con Grecia”. Es decir, Atenas está dispuesta a aceptar una prórroga del dinero que recibe y a no tomar demasiadas decisiones sin consultar a sus socios- ya ha tomado algunas- durante cuatro meses, pero nunca una extensión del programa de rescate actual porque las palabras son importantes, y el nuevo gobierno acaba de ser elegido para desafiar la palabra “rescate”. En el documento se reconocía también la gravedad de la "crisis humanitaria" en Grecia y este país exigía a sus socios que no le pidieran imponer medidas como reducir las pensiones más bajas o aumentar el IVA. Pero lo más importante, subrayo y repito, es que no se hablaba en ningún lugar de “extensión de programa” (de rescate). Para que Atenas salga de ésta tienen que entregarle victorias simbólicas como ésta, a las que poder agarrarse como un náufrago a un madero.

Sin embargo el papel en cuestión habría sido retirado por el presidente del Eurogrupo –perverso entre los perversos según Varoufakis- antes del inicio de la reunión y sustituido por otro comunicado que exigía a Grecia la prórroga del rescate a cambio de cierta flexibilidad. Tampoco demasiada, como explicó el propio Dijsselbloem en su rueda de prensa, ya que tiene que haber esencialmente los ajustes y reformas ya acordados por otros gobiernos griegos, porque si no… “si no es el caso, entonces no tendría sentido para los prestamistas extender el programa” según sus propias palabras. Vamos, que antes de prestarte dinero quiero saber en qué te lo vas a gastar. Y luego ya vemos.

En otras palabras. Una prórroga del rescate es importante para los prestamistas –España entre otros- porque va a acompañada de varios compromisos por parte de Atenas, como “no revertir ninguna medida salvo que así se acuerde con las instituciones y únicamente si están plenamente financiadas”, “honrar sus obligaciones financieras con sus acreedores” y garantizar la estabilidad del sector financiero”, así como “finalizar con éxito el actual programa”.

Esa es la parte que no le gusta al gobierno griego, que quiere acabar con la austeridad. En su programa electoral, Syriza no sólo excluía nuevos sacrificios a los griegos, sino que preveía un plan para relanzar la economía de 12.000 millones de euros. Su idea era conseguir el dinero con un programa puente, o aceptando el dinero del Eurogrupo pero negociando un nuevo programa rebajado en sus objetivos de déficit y admitiendo estos gastos. Y más cosas, porque el nuevo gobierno griego no acepta un 30% de las medidas que les exige la Troika (o las “instituciones”).

Al portazo de Varoufakis, el Eurogrupo ha respondido con un ultimátum: si de aquí al viernes no se acepta extender el programa de rescate que acaba el 28 de febrero, se acabó.

La fecha del ultimátum no es gratuita tampoco. El rescate expira el 28 de este mes, pero queda menos tiempo porque cualquier extensión debe ser ratificada por varios parlamentos nacionales, entre ellos el alemán o el irlandés.

Entonces… si se acaba el tiempo… ¿Grecia sale del euro? Pues, aunque si se ponen gallitos, en plan yo no me bajo del carro, todo es posible, muy mal tienen que ir las cosas. Porque para que Grecia salga del euro tiene que entrar en suspensión de pagos primero, y eso no ocurrirá previsiblemente hasta el verano gracias al superávit primario alcanzado en el país de las columnas jónicas y dóricas en virtud de los ajustes que acompañan al rescate maldito y maldecido por Syriza. Luego eso sí… el caos. O mejor, el Kaos, que es palabra griega. Si Grecia sale del euro, acabará saliendo de la UE, quizás las dos cosas a la vez.

Pero no se preocupen. Varoufakis dice que hay acuerdo en dos días. Cita en 48 horas para comprobarlo. Las previsiones a corto plazo, es lo que tienen.