Julián Casanova considera que "la libertad de expresión es un real democrático que va mucho más allá de lo que consideraríamos las democracias modernas", pero "el problema es que es un área bastante subjetiva y ha sido aprovechada para atacar cosas que no deberían tener restricciones".
Arantxa Tirado cree que "se está haciendo un mal uso del derecho en términos generales" y "los delitos de odio son muy ambivalentes". "Cuando te vana a juzgar por un sentimiento es un terreno espinoso porque son delitos que no están bien definidos", concluye.
Javier Gállego destaca que la ausencia de sentencias condenatorias indica que "no se está utilizando mal el derecho", pero remarca que "no es un derecho absoluto y tiene que estar limitado".