La Reserva Federal de Estados Unidos y el Banco de Inglaterra decidieron la semana pasada no mover los tipos de interés. Las políticas de la Administración Trump con el garrote arancelario como principal argumento hacen prever un menor crecimiento y una inflación alta por más tiempo.
Ante este panorama, los banqueros centrales, habitualmente la parte más racional de las administraciones, prefieren ser cautos.
En la Zona Euro, que tiene el precio del dinero 1,5 puntos por debajo de EEUU, también se aplazan las expectativas de bajadas de tipos. El argumento es el mismo: el riesgo de más inflación y menor crecimiento.
Para Europa hay un problema añadido. Al impacto de los aranceles hay que sumar la necesidad urgente de gastar mucho más dinero en rearmarse, lo que de nuevo supone más deuda y más presión al alza en los tipos.
Se ha escrito mucho sobre la facultad de los italianos de vivir sin gobiernos. Falta por analizar la capacidad de hacer daño a escala mundial por una sola persona, llámese Putin o Trump.