Ya no es sólo descortesía o falta de decoro parlamentario, es un síntoma de debilidad extrema. De anemia ejecutiva. Porque lo que hace el Gobierno al eludir todas sus obligaciones con el Congreso es huir desesperadamente de una cuestión de confianza. O de lo que podría interpretarse como una cuestión de confianza. El PP exige a Sánchez un debate sobre el Estado de la Nación y sus socios que apruebe un proyecto de Presupuestos y lo someta a la deliberación de la cámara.
Empecemos por el debate sobre el Estado de la nación. Alberto Núñez Feijóo ha planteado esta exigencia en su intervención ante el Comité Ejecutivo Nacional del PP. ¿Es una obligación de Sánchez? No exactamente, la Constitución sí lo menciona como una costumbre parlamentaria, pero no señala que sea una obligación.
Ahora seguro que no sorprende a nadie descubrir que el propio Gobierno, este Gobierno incluye en su plan de acción por la Democracia que la obligación de celebrar cada año el debate sobre el Estado de la Nación ayudará a la transparencia del sistema político español.
En los seis años de Pedro Sánchez como presidente, se celebró una vez. Una sola vez. A Sánchez no le gustan los debates por la razón sencilla de que no es un buen parlamentario, pero hay una razón añadida por la que esta vez prefiere eludir la ceremonia. ¿Y por qué nuestro Bartleby preferiría no hacerlo?
Porque es un debate de política general que desnudaría su soledad o peor, que en los temas de Estado, en los asuntos cruciales solo podría contar con el Partido Popular, pero es que además al término se votan las propuestas de resolución y aquello podría convertirse en una impugnación de su acción ejecutiva.
Se vería que más que lo que que ha mantenido en la presidencia es algo peor que una alianza contranatura… Es una alianza imposible y que se mantiene por una única razón biológica. La misma que guía a la tenia. La solitaria. Porque los grupos minoritarios mantienen con vida al cuerpo huésped para seguir nutriéndose de él. Pero eso sí, lo mantiene extremadamente debilitado.
Por eso el Gobierno está siempre dando tumbos y parece que en cualquier momento va a caer. Que esta no es forma de conducirse, francamente. A ese debilitamiento ha apuntado hoy Emiliano García Page, alarmado por la salud democrática de su partido y por lo que pueda quedar de él cuando todo esto haya pasado.
Si es que romper con Puigdemont es poner fin a la Legislatura. Porque lo que ha permitido iniciarla con Sánchez en la Moncloa es el haber sumado a Junts y al prófugo a una supuesta mayoría progresista. Continuar en el poder es continuar haciendo concesiones a Puigdemont y, cuando se tercie, viajar a Waterloo para que Sánchez se haga con él una ominosa fotografía.
Romper con Puigdemont es abandonar el poder. No poner fin a la legislatura, porque la legislatura ya no existe.
Que la celebración de dos citas ineludibles, prescritas por La Constitución, como el Debate sobre el Estado de la Nación y las cuentas del Estado, tengan que ser solicitadas por los grupos como si fueran una concesión graciosa del presidente da la medida de la deriva cesarista de esta democracia en la que el Parlamento parece que es solo un estorbo.
La presentación de un proyecto de Presupuestos sí es un mandato constitucional y es algo que le exigen a Sánchez incluso sus socios de coalición. Incluso aquellos que comparten con él el Consejo de Ministros. Es normal, porque es una buena ocasión para que los grupos parlamentarios exhiban sus políticas e impongan sus demandas.
Pero Sánchez no quiere presentar una cuentas porque no quiere sufrir una derrota que exponga su soledad. O lo que es peor, que en las cuestiones de Estado solo podría contar con el Partido Popular.
En Sumar se empieza a dibujar un nuevo liderazgo tras el naufragio orgánico de Yolanda Díaz. Se trata de Lara Hernández que es bastante más explícita en su oposición a aumentar el gasto militar. Todas estas formaciones quisieran que hubiera uno debate de Presupuestos porque eso es lo que les permite exhibir sus demandas. Y lo cierto es que lo democrático es que ese debate se celebre.
Ahora podemos repetir otra vez el carro de declaraciones de cuando Sánchez decía que sin el gobierno de Rajoy no podía aprobar unos presupuestos debía convocar unas elecciones y quizás lo higiénico sería hacerlo. Todos los días. Pero vamos a ahorrarles el tormento.
Sánchez prefiere fallar a un mandato constitucional antes que sufrir una derrota. Aunque en realidad renunciar al debate ya sea una derrota, porque transmite una imagen terminal del gobierno. Es más desnuda su verdadera naturaleza. Convertido ya únicamente en una plataforma electoral para las próximas autonómicas y servir como sede de campaña para Morant, López, Montero o Alegría… con escasos resultados según se ha visto en las encuestas de este fin de semana.
¿Es decoroso esto? No lo es, pero que encima el resultado sea un fracaso, porque ya de cometer la tropelía, lo menos que se te exige es ser eficaz.
Oigan es que ni siquiera en la Comunidad Valenciana, con una investigación judicial en marcha sobre la gestión de la DANA, consigue despegar la candidatura de Morant. Que tendría aún menos apoyos de los que contó Ximo Puig en las pasadas elecciones. A ver si la Moncloa va a ser una piedra atada al cuello, en lugar de un propulsor.
Hoy la presidenta de la COM de Madrid, Isabel Díaz Ayuso ha cargado contra Sánchez en un desayuno informativo
En Riad se están llevando a cabo una de esas maniobras de diplomacia itinerante. La diplomacia itinerante es cuando varias salas se van reuniendo los actores en cuestión para que no se crucen aquellos que se demuestran mayor hostilidad y sean más eficaces las conversaciones. EE.UU y Rusia están tratando el alto el fuego en medio de las acusaciones entre Kiev y Moscú. Porque la guerra no se ha parado.
A pesar de las promesas de Valdímir Putin de que no iba a atacar las infraestructuras energéticas, en realidad lo que ha hecho es recrudecer los ataques sobre Ucrania. En los días previos a esta reunión de diplomacia itinerante la provocación de Putin ha sido constante y ha demostrado que desde luego la presión diplomática de Trump no funciona tanto en Rusia. Parece que funciona más o se ensaña más con los países democráticos como Dinamarca.
Claro que teniendo en cuenta que los portavoces del Gobierno y los enviados espaciales se dedican a ir a aquellos divulgadores del 'putinismo' como por ejemplo Tekker Carlson y hacer allí entrevistas de lo más melosas, el alineamiento del Kremlin y la Casa Blanca es total y que lo que se está produciendo ahí no es tanto el alto el fuego sino una repartición de Ucrania.
