LA PRIMERA DE LA MAÑANA

Marta García Aller: "África está pagando el pato y no va a salir barato"

Marta García Aller reflexiona sobre la cancelación repentina de la ayuda internacional a África, donde miles de personas se han quedado sin alimentos ni medicamentos.

Marta García Aller

Madrid |

En cinco semanas de Trump de vuelta en la Casa Blanca que no paramos de analizar cómo está cambiando Estados Unidos, Europa... Y Ucrania; Oriente Medio; Rusia y China…

¿Pero sabes en qué parte del mundo todo ha cambiado de repente y apenas hablamos de ello? África. Desde que Donald Trump dio la orden de congelar la financiación USAid se han suspendido de forma repentina miles de entregas de alimentos y medicamentos vitales de Etiopía a Mozambique y de Sudán a Mauritania. También Reino Unido ha recortado su ayuda internacional para aumentar su gasto en defensa.

Solo en Etiopía unos 16 millones de personas dependen de estas donaciones para atender a niños desnutridos. Millones de toneladas de cereales y legumbres se quedaron atrapadas en el puerto de Yibuti porque se congeló sin previo aviso el dinero para los contratistas que tenían que llevarlas hasta Etiopía. En Jartum han cerrado más de dos tercios de los comedores populares.

No solo es la comida lo que está dejando de llegar desde la cancelación repentina de la ayuda internacional. También programas de vigilancia de enfermedades y prevención de la malaria, la viruela y la gripe aviar; miles de pacientes con VIH se han quedado sin tratamiento y no es difícil imaginar qué pasa si cancelas los programas para prevención del cólera. Solo desde el 24 de enero, dice el Financial Times que se pueden haber producido más de 15.000 muertes prematuras por la cancelación de las ayudas.

Cuando los mayores donantes de ayuda exterior del mundo se retiran de repente, el aumento de muertes y crisis humanitarias, de hambrunas y enfermedades en África es incalculable en el corto plazo. Pero en el medio sí podemos imaginar qué pasará en las regiones más volátiles del mundo. Más pobreza extrema trae más conflictos, más inestabilidad, más desesperación y, por tanto, migraciones masivas, más refugiados. Más margen también para que Rusia y China aumenten su influencia en estas zonas del mundo, más abandonadas que nunca a su mala suerte.

¿Moraleja?

África está pagando el pato y no va a salir barato.