Cada vez que Trump dice que no está de broma es que la cosa se pone seria. Y ahora asegura que baraja ir a por el tercer mandato, algo que prohíben las leyes estadounidenses. Trump dice que no está de broma, que hay modos de hacerlo. Como que su vicepresidente JD Vance se postule para el cargo y una vez que gane las elecciones le pase el testigo. Eso ya lo inventó Putin.
Que no está de broma, dice el hombre que más descalificó al presidente Biden por seguir en el cargo a su avanzada edad y ahora se propone superarle. No faltarán partidarios que se lo rían como ocurrencia. A Trump son sus detractores los que más en serio le toman y los suyos los que esperan que bromee.
Como esos latinos por Trump que le votaron pensando que no iría en serio con su discurso xenófobo, que solo deportaría los migrantes que delinquieran, y al volver a casa descubren que acaban de deportar a su mujer. O a los que aplaudían su recorte de gasto público y ahora se sorprenden de que le quitan el subsidio para cuidar de su hijo enfermo. True stories. O los que creían que bajaría precios e impuestos.
A Trump hay que tomárselo en serio. Mira que ya avisó que su palabra favorita era arancel. Es que es un provocador, pensaron muchos. Y faltan 48 horas para el día de la liberación, que es como Trump llama al 2 de abril, cuando entrara en vigor la última ronda de aranceles, el mayor aumento de impuestos en 30 años. Nadie tiene muy claro qué va a hacer exactamente, ni siquiera en la Casa Blanca.
Mientras salimos de dudas, la bolsa se deja billones en lo que el Wall Street Journal llama “la guerra comercial más estúpida de la historia”. Trump ha dicho que no le puede importar menos que suban los precios, que “ojalá suban” para que la gente compreestadounidense. También ha amenazado con sanciones a Putin y con bombardear Irán. Y no es broma.
¿Moraleja?
A Trump hay que tomárselo en serio, por descabellado que resulte su criterio