Don Juan Carlos llega hoy a Sangenjo sin la discreción prometida lo que abona el terreno para elogios y criticas en la plaza pública. Encumbrado por los que recuerdan las muchas inversiones logradas por España sólo con su presencia y triturado por los que no olvidan que trató de eludir el pago de impuestos.
Ambas cosas ciertas. Todo depende de dónde cada uno quiera poner el acento. Y luego hay una tercera actitud más ladina. Los que optan por elogiar a Felipe VI como contrapunto a su padre. No es que el actual monarca no se lo merezca. Es que los mismos que hoy le ponen como modelo no dudarán en cargar contra él en cuanto les convenga.